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Osvaldo Bayer y "Cielo Libre"

El ensueño de la libertad

La cárcel. Lo injusto. El luchador que sufre y sueña detrás de los barrotes. Piensa una y otra vez en la libertad. En su amor que no puede gozar. En su madre que sufre. En la libertad en sus tiempos de niño. Abarcan los paisajes y corren, corren. No, las rejas. Los rostros adustos que demuestran el poder. Lo hacen por un buen sueldo, se sienten importantes, muy importantes.
El dolor de los compañeros caídos. Por un ideal. No más niños con hambre. Techo digno para todos. Ningún padre sin trabajo. Los sueños. Y en vez de eso, la infamia de la cárcel. Encarcelar los pensamientos. Encarcelar los sueños.

Y el único remedio es la poesía. Nuestros presos han escrito y son testimonio de sus sueños. Cambian el sufrir por el soñar. Y así aparecen estos versos. Un testimonio directo de la nobleza de los pensamientos. Proponerse poesía para seguir adelante. Es lo que encontramos en este libro. Los versos de nuestros detenidos por soñar con un mundo mejor. Y lo demuestran. No hay casi reproches. Sí, futuros. Creer en un mundo mejor. Seguir creyendo en que el sacrificio va a valer. Que al final lo aplaudirán los niños, los enamorados, las madres.

La nobleza de nuestros detenidos políticos. Aquí, está. Unos nos hablan de "…la mano tierna que busca otra mano", "despertaron solos en un mundo extraño", "la palabra viva que enciende y renueva su flor, su esperanza". Esperanza, la palabra. A veces la última. "Que gires sobre tus pies, … para que festejes la Navidad de tus recuerdos caminando hacia la Navidad de tu esperanza", y de pronto la esperanza se convierte en el horror: "¿De quién es ese rostro mutilado, con una lágrima aún fresca… colgando entre rojas burbujas coaguladas?". Pero también la melancolía y la desesperanza: "Se fue cantando canciones que hablaban de un mundo en flor".

Pero siempre lo doloroso que es la cárcel cuando de pronto se pasa a "escuchar las grotescas carcajadas festejando una muerte y otra mujer violada". Y el recuerdo como única esperanza: "… cuando digo y siento que todos están en mí".
Otros, en las largas horas de la celda sueñan con "la celeste muchacha que me escribe" y la corporiza a "María de las lluvias" "que sabe de nubes vagabundas, del sueño inclaudicable del poeta". Otro le canta a la tristeza de sus padres: "necesito sus manos, su poema a la vida". Otro sueña con volver a su pueblito: "lo conocí amanecer con aromas de panes con ruidos de carros con la leche fresca … abriendo ventanas a la vida serena".

Otro se mira sus manos presas y las describe: "A tus manos les hablo que hablan al alba en busca de rocío". El rocío de la Libertad. Otro poeta encarcelado les habla a "las piedras mudas y testigos de tanta historia de pobreza" y esos pobres "son las verdaderas voces que recuerdan nuestro amado Mayo veintinueve". Se refiere al "Cordobazo". Esa jornada que mostró el coraje de los rostros. Ese día fue la "presión dulce de un labio sobre los labios". Y otro vuela en su imaginación y esperanza: "es cuando digo y siento, que todos están en mí".

Es así todo el libro. Aquellos que perdieron su libertad en los años de la ignominia, sueñan que saldrán para obtener un mundo mejor. Sueñan, siempre. Sí como niños.

Los que lograron la libertad luego de tantos años de ignominia de los generales de la otra Argentina y consiguieron sobrevivir, están de nuevo en las calles, con otros rostros, pero con las mismas esperanzas. No los vencieron, porque su ejemplo sigue viviente en todos aquellos que soñamos que no habrá niños con hambre y adultos sin trabajo. Para ello recorrer este libro, su sabiduría expresada en sueños. Sigamos en esos sueños pero trabajando la realidad. Este libro nos ayudará.

 

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